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Luis, el vendedor de castañas. Foto: Lola Zavala |
La primera señal asalta a mi nariz al salir por la boca del metro de la Plaza de Sants. El aroma de los boniatos asados se deja sentir sin ninguna mesura. También el de las castañas, que son gallegas como Luis, el hombre que llega puntual a su cita cada temporada y se instala en la esquina de la plaza. Estará tres meses vendiendo esos suculentos manjares en honor a su tierra y a su hermana fallecida, quien en vida estaba al frente del negocio. Me lo contó con una sonrisa, a pesar de que el médico le diagnosticó una depresión.
Le conté que el boniato me recuerda a los camotes de mi infancia en México, donde también suelen venderse por las calles, aunque cada vez menos. ¡Cómo olvidar ese olor y el sonido tan particular que anuncia la llegada del vendedor de camotes!
Las siguientes señales son el frío y el viento que lo acompaña; el desmadre en el armario mientras me decido a hacer eso que en mi país no era necesario hacer: guardar la ropa de verano y sacar la de abrigo, decirle adiós a las chanclas y recuperar las botas y los calcetines gordos que escondí quién sabe dónde desde la primavera.
Más señales: las luces que iluminan las calles con motivos navideños; la gente vestida de colores oscuros que se pasea por la ciudad llena de árboles ya desnudos.

Caga tió
ametlles i torró
no caguis arangades
que són massa salades
caga torrons
que són més bons
Caga tió
ametlles i torró
si no vols cagar
et donaré un cop de bastó
Caga tronco
almendras y turrón
no cagues arenques
que son demasiado salados
caga turrones
que están más buenos
caga tronco
almendras y turrón
si no quieres cagar
te daré un golpe de bastón
Esta tradición me transporta a las posadas de mi infancia en las que esperaba ansiosa la hora de partir la piñata; que después de unos cuantos palazos se rompía para dejar caer la deseada lluvia de dulces y regalitos. Una ceremonia que acompañamos de cantos: ¡dale dale dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino!
También forma parte de la postal barcelonesa la Feria de Santa Lucía, que cada año se monta frente a la Catedral, con su venta de personajes para el belén (nacimiento). Ahí se pueden comprar desde reyes magos hasta labriegos, cabras y borregos. Sin faltar, por supuesto, María, José, el niño y un montón personajes curiosos: todos con el culito al aire. Sí, otra vez algo que tiene que ver con la caca. Un caganer es una figura tradicional y fundamental del belén catalán. Como puede deducirse con extrema facilidad el caganer es una figura que está, como diríamos en México: “como el tigre de Santa Julia” o bien “haciendo del 2″ y concretamente y sin florituras: está cagando.

El caganer se sitúa en un lugar apartado del belén y tiene un significado orientado hacia la fertilidad de la tierra, lo que puede traducirse en un símbolo de prosperidad y de buena suerte para el año siguiente.
Y la huella, que también es señal de que el invierno ha llegado, es esa planta de hojas rojas y flores diminutas y amarillas que adorna calles y hogares. Sí, nuestra querida flor de Noche Buena, aquí llamada flor de Nadal o Poinsetia. Esa bella planta también es inmigrante. Viajó desde México y se instaló a sus anchas en muchas ciudades, incluso en Barcelona, para desearnos cada año una feliz navidad y un próspero año nuevo.
Un deseo hecho flor y un precioso regalo de nuestra tierra para el mundo.
¡Felices fiestas a todos!
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